Una vez más se cumplió el objetivo de la Asociación de proporcionar a los socios el conocimiento sobre algún aspecto que les pueda asombrar o, al menos, sorprender. Una vez más, se cumplió con creces.
La visita del día 24 de Marzo a las minas de Riotinto nos ofreció un recorrido por la historia desde hace dos mil años hasta la actualidad. El Museo Minero, primer escenario visitado, describe con la minuciosidad de las vitrinas, fotografías y maquetas así como en las muestras de rocas obtenidas, la evolución de los terrenos explotados, las herramientas utilizadas y los problemas que, en cada momento, pueden presentarse en las minas, tanto en el interior como en la superficie. Allí se muestra la íntima relación entre el interés empresarial y el esfuerzo casi sobrehumano del que se entierra vivo por un jornal.
Un tren que ya dejó atrás los cien años de vida, nos permitió pasear por la cuenca del Río Tinto. Montañas de tierras removidas o de escombros de las fundiciones, restos de instalaciones, vagones, grúas y locomotoras, vestigios muertos de una vida anterior, parecían escoltar a un río que, lejos de ofrecer aguas transparentes, tiznaba de rojo el suelo de un estrecho valle al que, respetuosos, fotografiábamos con la seguridad de estar inmersos en un escenario único.
El segundo escenario visitado fue la mina a cielo abierto Corta Atalaya, espectacular e inmensa excavación que nos ofrece una increíble amalgama de colores, fruto de la variedad de minerales que existen en la zona.
Por último, pudimos visitar una casa típica del barrio inglés que nos ilustró sobre la forma de vida de los primeros explotadores de la mina, así como los deportes que introdujeron en nuestro país.
Un fraternal almuerzo nos devolvió a la realidad. Un brindis por otro de esos días que resultarán inolvidables.






















